St. Petersburg Times:  Siguiendo los pasos de Francisco (Following Francisco)
 


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La iglesia de la Virgen de los Remedios es el centro geográfico y cultural de Los Remedios. La escasez de empleo hace que muchos de sus residentes se unan a sus amigos y familiares en Clearwater.

Reportaje por David Adams y Adrienne P. Samuels,
reporteros del St. Petersburg Times
Fotos por John Pendygraft, fotógrafo del St. Petersburg Times

Publicado el 25 de Abril de 2004


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Quemando incienso de copal, una aldeana rinde culto en El Nith. Desde los tiempos antiguos, los Hñahñu han mezclado el catolicismo con su propia religión.
10 News Pulse aqui para el video de Tampa Bay's 10: Siguiendo los pasos de Francisco.
UNA CULTURA DE SOBREVIVENCIA
Los Hñahñu sobrevivieron la dominación de los aztecas, toltecas y españoles. “Ellos han sido muy diplomáticos para poder sobrevivir”, dijo Ella Schmidt, una antropóloga de USF y co-autora de un estudio acerca de los Hñahñu. “Parte de su estrategia ha sido aprender como los sistemas funcionan, y hacer uso de ellos. Esto los ha ayudado a sobrevivir en Hidalgo y ahora les está ayudando a sobrevivir internacionalmente”.

LOS REMEDIOS, México

Su música era una forma de evadir la realidad.x

El conjunto, Las Brisas del Mar, se perdía en sus canciones de amor.

Era el principio de los años ochenta, y siete jóvenes intentaban decidir entre realizar sus sueños, o ganarse la vida en las áridas montañas de Hidalgo, una de las regiones más pobres de México.

Quien los mantenía unidos era Fran-cisco, el baterista. Ensayemos, insistía. Tres veces por semana.

Francisco también atraía a las chicas. Era chistoso. Era guapo. En una región donde la mayoría tienen el pelo lacio, los rizos de Francisco saltaban al compás de la música.

Las Brisas del Mar tocaba en algunas bodas y fiestas. Pero lo que ganaban sus integrantes no era suficiente para comer.

Frustrado y sin esperanza, a no ser la de trabajar en un campo de alfalfa, Francisco Isidro, a la edad de 22 años, decidió que había llegado el momento de cambiar su vida.

Su tío, León Pedraza, planeaba otro viaje al Norte. Francisco le pidió acompañarle. También convenció a dos músicos de Las Brisas a irse con ellos.

En septiembre de 1983, los cuatro emprendieron el viaje. Con mochilas cargadas de tortillas, alguna ropa, y botas de repuesto, salieron desde Los Remedios, su empobrecido pueblo situado al norte de la Ciudad de México.

Fueron en busca de una vida mejor.

La encontraron, de pura casualidad, en la ciudad costeña de Clearwater.

Había trabajo abundante. Francisco enseguida envió noticias de las oportunidades que estaban al alcance de cualquiera.

Y así fue como todo comenzó. El primer peregrino plantó la semilla que después de veinte años se convertiría en una inmensa emigración de mexicanos a Clearwater, cambiando para siempre dos mundos muy distintos, a los dos extremos de una cadena humana muy tenaz.

Miles abandonaron los pueblos cercanos de Los Remedios, el lugar de origen de Francisco.

Con escasez de puestos de trabajo, los habitantes de estos pueblos no podían resistir la oportunidad de trabajar, aún en el sector de salarios mínimos y semi- especializados de la industria turística de Clearwater. Allí formaron una comunidad muy unida y homogénea cerca del centro de la ciudad.

Durante los primeros años la gente de Clearwater mantenía su distancia hacia el extranjero que de repente apareció en sus puertas. Al cabo del tiempo la ciudad cambió su postura y les extendió la mano. Armados de valor, los inmigrantes salieron de la sombra y se convirtieron en una fuerza importante para la economía de Clearwater.

Se calcula que cerca de 20,000 inmigrates viven actualmente en esta ciudad.

Redes familiares y sociales que se habían roto en México se están rehaciendo actualmente en Clearwater. Pero aún así, el dolor de las familias desunidas prevalece.

También peligra una cultura de varios siglos de existencia. La mayoría de los inmigrantes hidalguenses forman parte de un pueblo conocido como los Hñahñu. Sus antepasados sobrevivieron la conquista de los toltecas, aztecas y españoles.

Ahora la amenaza es mas sutil, pero no menos peligrosa a su modo de vida: la cultura estadounidense. Mientras se sumergen en esta cultura, al estilo de Clearwater, los Hñahñu corren el riesgo de perder su identidad, lengua, y tradiciones culturales.

Y aún continúan llegando.

CRUZANDO EL DESIERTO

El viaje comenzó en la estación de autobuses de Ixmiquilpan, a pocas millas de Los Remedios. Los cuatro tenían lo justo para pagar el pasaje de 600 millas, unas 18 horas en autobus, hasta Ciudad Acuña, un centro industrial en el río Bravo.

Al otro lado del río podían divisar la ciudad Del Río, Texas. Encontraron la parte menos profunda, esperando que obscureciera, se desvistieron y vadearon el río.

Durante dos días no descansaron, cruzando una zona desierta, escalando y bajando cañones rocosos. Los clavos de sus botas perforaban sus piés.

Al tercer día por fín pudieron dormir, pero solamente bajo la luz del sol, para mantenerse vigilantes de los escorpiones y las serpientes cascabel.

Primero se les terminaron las tortillas, y después el agua. Tuvieron que arreglarselas recogiendo el rocío de las grietas y masticando cactus, para extraer su precioso jugo.

Finalmente, despues de caminar por 11 días, llegaron a las afueras de San Angelo, Texas, donde Pedraza, el cual tenía 31 años en ese entonces, había trabajado en ranchos ganaderos en sus otros viajes. Hasta ese momento habían caminado más de 150 millas. Había llegado la hora de separarse y continuar el viaje en parejas para evitar a 'la migra.'

Francisco se fue con su tío León. Los miembros de la banda, Donato Tlanepantla y Francisco Dothe, continuaron juntos. Antes de despedirse, acordaron mantenerse en contacto por medio de cartas a sus padres en Los Remedios.

Dothe y Tlanepantla encontraron trabajo en un rancho de ganado donde se hablaba español. Les ofrecieron frijoles, arroz y alojamiento a cambio de un mes de trabajo.

Francisco y Pedraza siguieron por su cuenta rumbo al norte, hasta llegar a Chicago, donde otros mexicanos habían encontrado trabajo. Pero el crudo invierno era demasiado difícil de sobrellevar. Un buen día, mientras Pedraza lavaba platos en un restaurante griego, Francisco llegó sorprendiéndole con un nuevo plan. Un amigo les llevaría a la Florida donde el clima era templado y las oportunidades abundantes.

Habían llegado a Indiana cuando su viejo Grand Marquis patinó y terminó estrellándose contra un árbol. Allí tomaron un autobús con dirección a Clearwater, donde un amigo tenía un contacto en el restaurante Four Coins, en Gulf-to-Bay Boulevard. El dueño les empleó para que lavaran platos y les alojó en una casa detrás del restaurante.

Como buen nómada, Pedraza regresó a Los Remedios dos meses después, llevando consigo sus ahorros.

Francisco se quedó. Escribió a su madre preguntándole por los otros miembros de la banda Las Brisas del Mar.

Ella sabía que Dothe y Tlanepantla estaban en Texas, recogiendo pacanas y algodón. Ella le dio a Dothe el número de teléfono de Francisco. Al cabo de poco tiempo, los primos estában en contacto.

"El nos comentó sobre la playa", dijo Dothe. Y añadió, "Vengan aquí, se trabaja duro, pero es precioso".

Francisco ahorró suficiente dinero para poder contratar a un coyote para llevar a Dothe y Tlanepantla al aero-puerto de Dallas-Fort Worth, donde compraron un pasaje de ida a Tampa.

POSTALES DESDE CLEARWATER

  Nota del Jefe de Redacción
Está usted presenciando un hecho histórico. Es la primera vez que el St. Petersburg Times ha publicado un reportaje en español.

En este reportaje especial, examinamos a la comunidad de inmigrates mexicanos en Clearwater, y su crecimiento hasta llegar a casi 20,000 miembros en la actualidad. Examinamos también los cambios que han sucedido, tanto aquí en Clearwater como en Hidalgo.

Mientras desarrollabamos el reportaje, nos dimos cuenta que sería importante que la comunidad hispanoparlante tuviera la oportunidad de leerlo. Así que decidimos publicar el reportaje en inglés y en español. La versión en español será distribuida sólo en el área de Clearwater.

Estamos muy interesados en su opinión acerca de este proyecto. Nos puede llamar al (727) 445-4149 y grabar su mensaje en inglés o español. También nos puede escribir al: Spanish Language Project Editor, 710 Court St., Clearwater, FL 33756. Ambos modos de contacto pueden ser en inglés o español.

Joe Childs
Managing Editor/Clearwater


En México, la familia de Francisco leía con entusiasmo las cartas que llegaban de Clearwater y las compartían con toda la gente del pueblo. En ellas Francisco les relataba lo verde del paisaje, lo cálido del clima, las calles pavimentadas, la electricidad, las casas con agua corriente, un mundo muy diferente de las chozas con techo de láminas de asbesto y calles polvorientas de su pueblo.

"Había encontrado muchas oportunidades de trabajo y estaba ganando mucho dinero", dijo Nestor Chárrez, de 42 años, un primo que tocaba el piano en la banda Las Brisas del Mar.

En 1984, Chárrez se fue rumbo a Clearwater, con su hermano y su tío.

"Fue una cadena humana que Francisco inició", dijo Chárrez, mirando de un lado a otro en la casa donde Francisco vivía, que ahora es una pequeña tienda de comestibles, situada frente a una iglesia colonial, en una plaza polvorienta de Los Remedios.

"Aquí es donde nació la idea", añadió mientras los sobrinos y los primos de Francisco jugaban entre las estanterías de la tienda. "El nos ayudó a venir, nosotros ayudamos a otros y estos ayudaron aún a otros más".

Chárrez siguió el camino de los primeros peregrinos, el que miles de hidalguenses también siguieron.

Una vez en Clearwater, los primeros inmigrantes agarraron trabajos en restaurantes y hoteles. Podían trabajar 12 horas al día ganando 200 dólares a la semana. Nada mal, comparándolo con los 2 dólares al día que ganarían en México.

"Ese era mi sueño americano", dijo Chárrez. "Nos trataban muy bien, y estabamos ahorrando dinero para enviar a casa".

Chárrez condujo un taxi en Clearwater por muchos años. El obtuvo su ciudadanía estadounidense en el año 2000.

Divide su tiempo entre Clearwater y Los Remedios, donde construyó una casa y ahora cultiva maíz y alfalfa.

Francisco continuó escribiendo cartas a su casa, muchas veces incluyendo fotos de su nueva vida. Envió una postal desde Walt Disney World, donde Francisco había llevado a su reciente esposa, Wilma Sue Race, una camarera del Four Coins.

Las fotos tomadas en este viaje estan guardadas en un álbum titulado: "Frank Y Sue. Marzo 13, Disney World". Manoseado y envuelto en plástico, es el tesoro de la familia Isidro, uno de los pocos recuerdos que mantienen de los años que Francisco pasó en la Florida.

En octubre de 1987 Francisco regresó a Los Remedios llevando a Wilma Sue. La pareja recibió una bienvenida de héroes.

Francisco les contó a sus seis hermanos menores acerca de la vida en los Estados Unidos. Les enseñó como peinar sus cabellos largos y abundantes. Y les dió consejos de como ser un buen consumidor. "Aunque seas pobre no compres cosas baratas", les decía, recuerda su hermana Maria Esther, de 26 años. "El quería que nosotros aprendiéramos todo lo que él había aprendido".

También recalcó: La vida en los Estados Unidos no es nada fácil.

La barrera del idioma, el racismo, interminables horas de trabajo y tener que compartir pequeños apartamentos con mucha gente hace que la vida sea muy agobiante.

Aun así, Francisco los motivó con un proverbio: querer es poder.

Francisco regresó a Clearwater, pero sufría de mareos y fuertes dolores de cabeza que acabarían por llevarle al hospital Morton Plant. Los médicos le diagnosticaron un tumor cerebral. Al no tener seguro médico volvió a México.

Francisco se sometió a tres operaciones además de la quimioterapia pero el cáncer volvía. Fotos de esa época lo muestran escondiendo su calvicie debajo de una boina roja con una insignia del Thee Dollhouse, un club de striptease en Tampa.

Al acumulársele las cuentas médicas, la familia de Isidro necesitaba otro miembro que fuera a trabajar a Clearwater. Marisol, una de las hermanas de Francisco, se ofreció voluntariamente.

Ella y Wilma Sue enviaron dinero por varios meses hasta que Marisol inadvertidamente mencionó que Francisco tenía otra mujer en México. Al enterarse Wilma Sue se sintió traicionada, pidió el divorcio y dejó de enviar sus contribuciones.

Cornelio, el hermano menor de Francisco, decidió dejar sus estudios en una escuela de negocios en México para unirse a Marisol. Fue en septiembre del '92. Cornelio empezó a trabajar lavando platos en el Four Coins y se convirtió en el proveedor de la familia.

Francisco sobrevivió dos años más, muriendo a los 33 años. Un día a finales de mayo, Francisco le hizo un gesto a su madre Delfina, como si se estuviera despidiendo. El susurró "adios". La familia lo enterró en el cementerio de la iglesia, al otro lado de la calle frente a su casa. Según su madre él quería quedarse cerca de su familia para poderles proteger.

Grabado en la elegante piedra de su tumba se lee este epitafio: "Triste quedó nuestro hogar sin su sombra. Se fue dejándonos la nobleza de su alma. Recuerdos de sus padres, esposa, hijas, e hijos."

Pero Francisco también dejó un legado impresionante en Clearwater. Cuando murió ya habían cientos de hidalguenses trabajando en los restaurantes, los hoteles, y en la construcción.

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