St. Petersburg Times:  Siguiendo los pasos de Francisco (Following Francisco)
 


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VIVIENDO BAJO EL RADAR

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Los Hñahñu han habitado el Valle del Mezquital en México desde el año 250 AC. Una pintura en un pabellón de Los Remedios cuenta su historia:
• Una mujer se encuentra en una zona verde rodeada de colinas.
• Su familia huyen a las montañas cuando llegan los aztecas, estableciéndose en un valle polvoriento.
• Los conquistadores españoles introducen el catolicismo. Las familias se separan. Después de muchos años, el valle se torna verde.
• La historia termina en el presente, con las familias Hñahñu celebrando la vida.

Muchos de los inmigrantes llevaban consigo documentos falsos, pero pocos tuvieron que contestar preguntas acerca de su legalidad. Sin pensarlo dos veces, los patrones de la competitiva industria turística en Clearwater contrataban a mexicanos dispuestos a aceptar trabajos de bajos ingresos. Algunos trabajaban dos turnos al día. En los ranchos de Texas se hubieran considerado afortunados si consiguieran solo uno.

Trabajar lo más posible era su única misión. Las horas adicionales proporcionaban más dinero para enviar a casa. Ahorraban cada centavo que podían, gastando el efectivo sólo en necesidades básicas.

"Apenas nos veíamos porque todos estábamos trabajando", dijo Moises Secundino, un antiguo profesor de Los Remedios, y ahora pastor de una iglesia cristiana que él fundó en Clearwater. "No teníamos dinero para comprar coches, por eso andábamos siempre en bicicleta".

Secundino llamaba a su bicicleta "la vieja". Y por tres años anduvo en ella mientras ahorraba dinero para comprar su primer coche, un Dodge Aspen de 1977, por 700 dólares.

Reunieron dinero para alquilar apartamentos. Uno de los primos de Francisco, Rodolfo Isidro, recuerda compartir un apartamento de dos dormitorios, cerca de Sunset Point Road y Highland Avenue, con otros 36 hombres.

Fuera de la casa se estacionaban 16 bicicletas.

El propietario les preguntó que cuántas personas vivían allí.

"Nosotros le decíamos que 'cuatro'", dijo Rodolfo. Ellos tenían multiples trabajos, e iban y venían a todas horas. "Nunca nos vió a todos juntos", añadió.

Muchos inmigrantes no podían abrir cuentas bancarias por no tener identificaciones válidas. Algunos escondían su dinero debajo del colchón. Los inmigrantes fueron llamados "cajeros ambulantes" por los ladrones, quienes sabían que aunque les robaran, ellos no iban a acudir a la policía por su estado inmigratorio.

Vivían cerca del centro, dado que la vivienda era más antigua y los alqui-leres más baratos.

En Los Remedios y pueblos cercanos, las mujeres Hñahñu se preocupaban cuando recibían noticias acerca de la infidelidad y de los problemas con la bebida de sus maridos e hijos. Algunos hombres dejaron de enviar dinero.

Así fue como las mujeres empezaron a irse también. Algunas para estar junto a sus maridos, otras para trabajar.

Rosa Maria Pedraza tenía 18 años cuando se fue de casa, dejando atrás el negocio de su familia que se encontraba en mal estado económico. Su padre no tenía suficiente dinero para pagarle la universidad.

En Clearwater, su primo José conducía un camión, y tenía un apartamento.

"José me dijo que podría ganar dinero y tener un trabajo", dijo Rosa Maria, ahora de 32 años.

Como lo hicieron otros inmigrantes, Rosa Maria cruzó el río Bravo y caminó por el desierto hasta encontrarse con su tío, León Pedraza, quien la llevó a Clearwater. Después de unas semanas de clases gratis de inglés en un centro comunitario, encontró trabajo en un restaurante preparando ensaladas.

UNA NUEVA COMUNIDAD ECHA RAICES

Uno de los primeros en percatarse de la nueva y creciente comunidad fue el padre Peter Schweitzer.

Recientemente ordenado en 1993 y trabajando en la iglesia St. Cecelia al sur del centro de la ciudad, Schweitzer estaba buscando ayuda después de un leve accidente automovilístico, cuando fue a parar a una pequeña empresa mexicana. Las personas que conoció allí le hicieron comprender: "St. Cecelia está situada en el centro de un pequeño México", recuerda él.

Schweitzer convenció a sus superiores para empezar una misa semanal en español. El practicaba su homilia tratando de pronunciar lo mejor posible.

"Yo leía todo en español. Era terrible. Pronunciaba todo mal".

Las misas enojaban a algunos parroquianos, dijo Schweitzer, quien años después dejó de ser párroco para casarse. Algunos pensaban "que los mexicanos iban a ensuciar la iglesia", dijo él.

Encontró notas amenazantes en su coche.

Pero las misas continuaron y la iglesia de St. Cecelia se convirtió en un lugar muy importante para los hidalguenses.

Mientras tanto algunos inmigrantes dejaron atrás sus trabajos en la construcción o lavando platos para empezar pequeños negocios. El restaurante El Chicanito abrió en julio de 1997, donde se vende auténtica comida mexicana. El taller de mecánica Hidalgo Auto Repair abrió en la concurrida calle Court. La agencia Envíos Hidalgo abrió poco después.

Varios otros negocios siguieron sus pasos dando un sabor mexicano a varias zonas de Clearwater.

Muchos de estos negocios atraían a clientes Hñahñu, ofreciéndoles productos de su tierra y dándoles la bienvenida en español. Algunos también atraían a anglos por sus precios módicos y por su ambiente sencillo.

Los nuevos proprietarios formaron el Consejo Mexicano de la Bahía de Tampa, tomando como ejemplo una institución similar en Hidalgo. Este consejo se convirtió en una importante y necesaria organización, proveedora de ayuda para inmigrantes que intentaban desenvolverse en el sistema norteamericano.

Su inicial propósito fue mucho más básico: Ayudar cuando un inmigrante fallecía.

"Teníamos que crear una organización para llevar los cadáveres a México", dijo Margarito Pérez, de 41 años, ahora presidente del consejo.

En la alcaldía apareció un aliado importante.

Robin Gómez, ahora auditor de la ciudad, había sido recientemente empleado por la alcaldía. Hijo de méxicanos profesionales, precisamente de Hidalgo, Gómez no tenía ni idea del éxodo de su estado natal.

Un dia en 1996, la futura esposa de Gómez, Julie, escuchó a gente hablando español por los pasillos de la alcaldía. Al investigar se dio cuenta que un político de Hidalgo y dos empresarios mexicanos salían de una reunion con el alcalde.

Ella les dijo que su novio era de Hidalgo, y al oír esto Gómez se adelantó para conocerles.

Horas más tarde, Gómez y Julie se encontraban en una fiesta del Día de la Independencia de México. "Esa noche conocimos a tanta gente", dijo Gómez. "Ellos explicaron que aquí hay alrededor de dos mil personas de Ixmiquilpan", una ciudad cerca de Los Remedios.

Gómez se imaginó lo que podría suceder: Si unos miles de hidalguenses habían conseguido llegar a Clearwater, muchos más llegarían después.

DISCRIMINACION, MIEDO

La creciente comunidad de inmigrantes se convirtió en una zona caliente para el Servicio de Naturalización e Inmigración (INS) a mediados de los años '90.

Las redadas en empresas se intensificaron y agentes se llevaban a trabajadores sospechosos de ser ilegales y los deportaban a México. La policía de Clearwater les ayudaba en estas operaciones. Los agentes también patrullaban las calles y parques, parando a gente con el pelo o la tez morena y pidiéndoles su identificación.

El padre Schweitzer urgió a las autoridades que fueran humanitarias. En 1995 los de INS capturaron a una docena de mujeres y las pusieron en un avión rumbo a la frontera de México. Muchas de estas mujeres fueron forzadas a dejar atrás a sus hijos.

Schweitzer se enfureció.

Los agentes hicieron redadas en una lavandería dos veces en dos meses en 1996, arrestando a docenas de indocumentados. Los hoteleros de la playa de Clearwater preocupados de que su fuerza laboral desapareciera, se unieron a otras empresas locales para quejarse de las tácticas usadas por INS.

La policía comenzó a reconsiderar.

"Basta decir que no estábamos de acuerdo con algunos de los métodos empleados por INS", dijo el subjefe de la policia, Dewey Williams.

En 1998, INS se moderó un poco.

En vez de arrestar y deportar a los trabajadores, exigió a los empresa-rios que los despidieran en masa. Los hoteles de playa despedían a 50 y 60 trabajadores a la vez, quienes encontraban empleo enseguida en empresas cercanas.

Por su estado ilegal, a muchos trabajadores no les quedaba otro remedio que aguantar la discriminación y la intolerancia en sus puestos de trabajo.

Sin embargo la ciudad empezó a echarles una mano. Decidieron que los hispanoparlantes, ilegales o no, merecían tener acceso a los servicios públicos. Una fuerza de trabajo hispana se creó en 1999. Gómez, el auditor de la ciudad, se convirtió en el asesor principal para programas de ayuda. La ciudad encargó que todo estuviera en español: desde libros de biblioteca, hasta folletos con información de los servicios de la ciudad.

De todas maneras, los policías continuaban teniendo problemas por la barrera del idioma.

Los policías le dijeron a Williams: "Tenemos un juego nuevo en esta ciudad, jefe, y no hay reglas establecidas".

Así fue como en agosto del 2000, Williams visitó Hidalgo lo cual fue para él una revelación.

La chocante pobreza y "las laderas atestadas de humanidad" le convencieron que tenían que hacer cambios radicales en la manera como la policía trataba a los inmigrantes mexicanos.

"Estos no son solamente extranjeros que aparecieron en la Florida de repente", dijo Williams. "Existe una razón para que estén aqui. Entender el aspecto económico de cómo estas familias tratan de mantener a sus familiares que se encuentran a miles de millas de distancia, es una importante pieza humanitaria de este rompecabezas".

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