St. Petersburg Times:  Siguiendo los pasos de Francisco (Following Francisco)
 


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[Foto por John Pendygraft del Times]
León Pedraza y su sobrino Francisco Isidro atravesaron varios estados y miles de millas antes de encontrar a Clearwater hace veinte años. Ahora, Pedraza trabaja en la cocina de ABC Pizza en Tarpon Springs.

SUBIENDO LA ESCALERA

Todo el mundo le conoce como Rudy, el hábil empresario que habla cinco idiomas y es proprietario de dos tiendas de sandwiches.

Como tantos otros, llegó a Clearwater y trabajó lavando platos. Después de un tiempo regresó a su pueblo natal con todos sus ahorros, se casó y compró una casa en Los Remedios. Aunque fue capturado, encarcelado y deportado repetidas veces, el trabajo y el dinero en Clearwater lo tentaban a regresar. Rudy cruzó la frontera entre México y EEUU por lo menos siete veces, siguiendo a su primo Francisco.

Un hombre robusto y risueño, Rudy trabajaba en Mr. Submarine cuando se dio cuenta que los griegos no eran los únicos que podían preparar un buen "gyro". Entonces Rodolfo Isidro cambió su nombre a "Rudy" para que sonara más americano y él con su hermano más pequeño alquilaron un Mr. Submarine en Largo.

Ahora, 19 años después de llegar a Clearwater, Rudy es proprietario de un Florida Subs y Gyros en Clearwater y uno en St. Petersburg.

Rudy conversa con facilidad con sus clientes de todas partes, saltando del inglés al hñahñu al español al griego y hasta algo de árabe.

Su habilidad linguística tiene mucho que ver con el gyro. "Uno puede aprender mucho en un restaurante", dijo Rudy, el cual acaba de pasar el exámen de la ciudadanía estadounidense.

A sus tiendas de sandwiches les va tan bien, que no está muy seguro que regrese a Los Remedios. Construyó una casa allí hace 13 años, pero nunca la visita. "Allí está", dijo él. "No me aporta nada de dinero porque no la puedo alquilar".

El presidente del Consejo Mexicano, Margarito Pérez, también se dio cuenta que el negocio de comida era un pasaporte para el éxito.

Abrió El Chicanito, un pequeño restaurante de comida mexicana para los inmigrantes.

En noviembre 2001, en un centro comercial de la calle Drew y la U.S. 19, abrió a Don Pancho Villa, un restaurante, mercado y panadería. Los empleados sirven a mexicanos igual que a una creciente clientela de anglos.

Pérez también puso en marcha a La Campesina, una panadería, y La Música de Pancho, una casa de discos, y la semana pasada, otro restaurante y mercado en Tampa. Pero con tanta competencia entre restaurantes en Clearwater, planea abrir una lavandería automática y un salón de billar allí.

Clearwater tiene por lo menos 55 establecimientos de propietarios mexicanos, la mayoría restaurantes, supermercados, tiendas de música y las muy importantes agencias de envío de dinero.

Los viernes --día de pago-- hay largas colas de gente en Envíos Hidalgo esperando su turno para mandar dólares a sus familiares en Hidalgo.

Un hombre desea enviar 1,000 dólares a su hermana en Los Remedios.

Otro hombre entra en el estable-cimiento llevando una gorra de los Devil Rays que no consigue ocultar un fajo de billetes.

"Sí", dice, apoyándose contra la ventana. "Yo necesito mandar mitad a Texas a mi hermana y la otra mitad a mi tío en Ixmiquilpan".

Los inmigrantes mexicanos en EEUU envían alrededor de 14.5 billones de dólares anualmente, según recientes informes de la banca internacional. Los hidalguenses de Clearwater envían un promedio de 2 millones a 4 millones de dólares al mes, dijeron dos profesores de University of South Florida que estudian la conexión entre Hidalgo y Clearwater.

En México el dinero que les llega de Clearwater ayuda a los familiares ir al colegio, comprar los libros, pagar la electricidad, pagar los teléfonos celulares y la cuenta en los café-internet donde de vez en cuando intercambian mensajes con amigos en la Florida.

El dinero también ayuda a los Hñahñu a mantener la tradición llamada "faena", o tarea comunitaria. Recientemente la gente del pueblo construyeron una biblioteca pública, remodelaron la alcaldía, y pintaron con cal las paredes de la iglesia de La Virgen de los Remedios, construída en el siglo XIX.

TRAYENDO LOS "REMEDIOS" A CASA

El confeccionador de queso Juan Cornejo es uno de los Hñahñu que ha tenido mas éxito en el mundo de los negocios.

El comenzó su negocio en Ixmiquilpan después de pasar una década en los Estados Unidos, incluyendo tres años en Clearwater trabajando como cocinero, en un lava-autos y en una lavandería.

Después de 12 ó 15 horas de trabajo al dia, regresó a Ixmiquilpan en 1998 con 100,000 dólares en ahorros.

"Yo estoy orgulloso de lo que hice allí", dijo él en su tienda Quesos Reforma, situada al lado de un taller de hojalatería en la polvorienta calle principal a la salida de Ixmiquilpan. "Eso cambió mi vida".

Detrás de la tienda, 11 hombres con botas Wellington y overoles remueven, calientan y cortan pegajosas tiras de queso blanco. Las mujeres forman bolas con las tiras, que a su vez son pesadas, empaquetadas y vendidas a pizzerías, restaurantes, y a tiendas de queso.

Cornejo, de 39 años, compra 10,000 litros de leche al día, proveniente de fincas locales.

Ignacio Mejay, de 33 años, trabajó 14 años en el Sheraton Sand Key Resort and Hotel en la playa de Clearwater. El dinero que ganaba facilitó que sus familiares pudieran educarse en la universidad en México: dos maestros, un arquitecto y un psicólogo. Uno de sus hermanos, Manuel, es maestro de una escuela primaria en El Espíritu, un pueblito cerca de Los Remedios.

"Estas son las cosas buenas que nos aportó. Todos le debemos a él", dijo Manuel, quien gana 450 dólares al mes, uno de los mejores sueldos públicos en la zona. El piensa que la mitad de sus estudiantes tienen padres en los Estados Unidos.

José Pedraza, hijo del peregrino León Pedraza, intenta extraer lo mejor de ambos mundos.

Trabaja de tres a cuatro meses en Clearwater, después regresa a Los Remedios para visitar a su familia, trabajar en su casa y cobrar el alquiler de sus apartamentos.

Siendo ciudadano de los Estados Unidos, él no tiene ningún problema cruzando la frontera. Dice que puede conseguir trabajo en cualquier restaurante de Clearwater.

"Yo trabajo donde se gane buen dinero", dijo, vestido con una camiseta de la playa de Clearwater, jeans y un sombrero de vaquero cuando visitaba a Los Remedios, el verano pasado.

José piensa que él es un ejemplo de como un choque de culturas pueden confundir la identidad y la lealtad propia. El ama a su tierra, el olor a mezquite en el viento, y el pulque, un fuerte aguardiente hecho del maguey.

Pero a él también le gusta Clearwater y al final no sabe a donde pertenece.

"Es una decisión difícil", dijo. "¿Ir allí ...o regresar? Es difícil vivir entre dos países".

El objetivo de muchos inmigrantes Hñahñu es volver a sus pueblos con suficiente dinero ahorrado para construir una casa. En Los Remedios y pueblos cercanos --El Espíritu, Orizabita y El Olivo-- hay casas nuevas, muchas dan la impresión que han sido transportadas de alguna colonia de la Bahía de Tampa. Muchos inmigrantes que han trabajado en la construcción en la Florida, regresan a sus pueblos con planos y diseños diferentes.

Hace veinte años, en las calles de Los Remedios sólo se veían casas muy sencillas con puertas de lámina de metal ondulado, sin agua corriente, teléfono o electricidad.

Hoy en día hay agua corriente y electricidad, pero todavía la mayoría de las casas carecen de un sistema de tuberías adecuado.

La instalación de líneas teléfonicas se está llevando a cabo. Algunos tienen teléfono celular o usan los teléfonos públicos de la tienda en la esquina.

Una de las casas más grandes en Los Remedios --de dos pisos, con un arco de entrada, una sala principal al estilo floridiano-- no estará terminada hasta dentro de tres años. Ese es el tiempo que necesitaran su hija y yerno, dice Benigna de la Cruz, para ahorrar suficiente dinero para terminar el interior y ponerle ventanas.

Aunque de la Cruz, de 45 años, está orgullosa de la casa, la construcción tiene su costo emocional.

Ella ayuda a su hija con el cuidado de las niñas. Su yerno, de 28 años, es graduado y técnico de rayos X. Al no encontrar trabajo en México se fue a la Florida y trabaja de jardinero y plomero.

Este joven está desesperado por regresar a su pueblo con su familia y sus dos hijas pequeñas. Una de ellas tenía pocos meses cuando se fue. El llama a su casa casi todas las noches.

"Dice que ya no aguanta más, quiere irse ya", dijo de la Cruz, con su nieta de cuatro años jugando a sus piés.

Para darle fuerzas, ella le manda fotos del avance de la construcción de la casa.

"Me dice que lo único que lo mantiene allí es el deseo de crear una vida mejor para sus hijas", dijo ella.

Señalando a algunas casas sin terminar alrededor de la plaza, dice que las obras abandonadas muchas veces indican promesas incumplidas y hasta familias rotas.

"Algunos de los que se van pierden la esperanza al ver que sus familias no administran bien el dinero que reciben", dijo ella. "Cuando eso sucede los hijos no regresan y paran de envíar dinero".

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